jueves, 25 de febrero de 2010

La sonrisa de mi padre

Jamás tan cerca arremetió lo lejos. – César Vallejo

A las 6,30 de la mañana, en la cocina,
miro una vieja fotografía de mi padre.
Jirones de niebla pasan
tras la ventana
y muy lejano, como un rumor
se oye volar un avión.
La fotografía es de 1974,
de cuando era joven, y aparece con
una enorme sonrisa,
montado en un pequeño ciclomotor
reluciente.
Viste vaqueros y una camisa
de cuadros, barba de varios días y el
pelo le cae sobre la espalda
en una coleta.
Parece realmente feliz, dejó esa
sonrisa para la posteridad.
Me levanto
y apago el televisor que he dejado
encendido toda la noche,
viendo canales pornográficos y
la tele tienda.
Y pienso ahora en veinte años después,
la última vez que le vi,
cuando nos encontramos
en una estación de tren
y apenas
teníamos nada que decirnos.
Hablamos de
su matrimonio fracasado, de su
frustrado intento de
publicar un libro de poemas y de
lo maravilloso que era estar por fin sobrio.
Y me pidió perdón por aquella
vez en la que estando borracho, estuvo
a punto de matarme a golpes.
Recuerdo que tenía la
mirada extraviada, la cara hinchada
y los andares rígidos, como
un robot y había perdido dos dientes.
Luego nos despedimos y dos meses
más tarde me enteré de que murió en una caravana
de alquiler, en el mismo
pueblo en que había nacido.
No sé quien pagó los gastos del entierro
pero un vecino suyo me envió todos sus poemas
y algunos hablaban de mí o de mi madre o de
la bebida.
La sonrisa de la fotografía ahora
parece muy lejana, como difuminada, pero
me sirve para recordar que alguna vez
él también fue feliz.
La guardo en un sobre
junto a las facturas sin pagar,
y me voy a la cama vacía
en una casa vacía donde
solo se oye el murmullo de la
derrota, el hambre y el tic-tac de un reloj.

No hay comentarios:

Publicar un comentario